Belleza, ritual y poder

La apariencia divina

Cada sociedad ha desarrollado sus respectivas ideas acerca del cuerpo humano; al fin y al cabo, el concepto de cuerpo está determinado por factores históricos, culturales y sociales. Aunque con ligeras variaciones, en la tradición maya, tanto prehispánica como actual, se conciben dos tipos de cuerpos físicos: un cuerpo en el sentido material, substancial y carnal, que se compone de carne y todos los fluidos, como la sangre, que carece de forma y es igual en humanos y animales; y otro cuerpo que está constituido por los elementos que permiten el reconocimiento social, como por ejemplo la figura corporal, es decir, el aspecto externo de cada individuo, de manera que este cuerpo está relacionado con la identidad, pues permite diferenciar a los humanos de otros animales, e incluso a una persona de otra (Pitarch, 2011; Velásquez García, 2023)

En la religión maya prehispánica, los dioses fueron concebidos como seres con personalidad, voluntad, poder y agencia (Velásquez García, 2023: 52). Eran denominados k’uh en el idioma maya epigráfico, término que alude a la energía vital que dotaba de vida a los seres y objetos terrenales; en efecto, los dioses eran personificaciones individualizadas de esa energía o k’uh (Houston y Stuart, 1996).

Eran manifestaciones de fenómenos y elementos de la naturaleza, como la lluvia o el maíz; los astros, como el sol, la luna o el planeta Venus; también podían representar fuerzas creadoras y estaban vinculados con aspectos importantes de la sociedad, como la medicina, el comercio o la guerra. Los dioses fueron concebidos como seres antropomorfos, con algunos rasgos específicos que los distinguían de los seres humanos.

El paradigma de belleza

Cada sociedad ha desarrollado sus respectivas ideas acerca del cuerpo humano; al fin y al cabo, el concepto de cuerpo está determinado por factores históricos, culturales y sociales. Aunque con ligeras variaciones, en la tradición maya, tanto prehispánica como actual, se conciben dos tipos de cuerpos físicos: un cuerpo en el sentido material, substancial y carnal, que se compone de carne y todos los fluidos, como la sangre, que carece de forma y es igual en humanos y animales; y otro cuerpo que está constituido por los elementos que permiten el reconocimiento social, como por ejemplo la figura corporal, es decir, el aspecto externo de cada individuo, de manera que este cuerpo está relacionado con la identidad, pues permite diferenciar a los humanos de otros animales, e incluso a una persona de otra (Pitarch, 2011; Velásquez García, 2023). El cabello, así como tocados, vestidos, máscaras, joyas y demás ornamentos corporales, también formarían parte de este cuerpo (Ruiz Pérez, 2014: 19; Velásquez García, 2023: 46), pues no sólo determinaban la apariencia de un individuo, sino también su identidad.

La representación de la figura humana fue un tema central en el arte maya prehispánico. Sin embargo, salvo raras excepciones, los pintores y escultores no realizaron retratos en sentido estricto, sino que crearon imágenes más bien idealizadas con múltiples detalles, tanto físicos como en lo que al atuendo se refiere.

Concha

Tierras Bajas
Periodo Clásico (250-900 d. C.)
Ancho: 7.5 cm

 

Vaso policromo

Tierras Bajas
Periodo Clásico Tardío                    (700-900 d. C.)
Altura: 21 cm; diámetro: 12.5 cm

 

Anciana

Tierras Bajas
Periodo Clásico Tardío                   (700-900 d. C.)
Altura: 14 cm; ancho: 8.5 cm

Dios del maíz danzante

Tierras Bajas
Periodo Clásico Tardío                          (700-900 d. C.)
Altura: 23.2 cm; diámetro: 10 cm

El simbolísmo del jade

Dentro de la cosmovisión maya, el jade constituye uno de los materiales profundamente asociados con el poder, los gobernantes y los dioses. Fue preciado por las élites y comerciado prácticamente por toda Mesoamérica. La fuente más importante y casi exclusiva de esta piedra se encuentra ubicada en el oriente de Guatemala, en el valle del río Motagua, yacimiento rico en jadeíta verde, negra y blanca. Otras piedras verdes como la serpentina, la amazonita y la aventurina, fueron utilizadas, en algunas ocasiones, como sustituto del jade.

El jade constituye para los mayas prehispánicos una fuente inagotable de ideas, no solo como una joya por su belleza, sino que también, por su gran importancia en la cosmovisión. Su simbolismo, ligado con el aliento vital, la realeza, el poder, los rituales, la siembra, la música, el paraíso, etc., la convirtieron en la piedra preciosa por excelencia para las civilizaciones mesoamericanas.

Collar

Tierras Bajas
Periodo Clásico (250-900 d. C.)

Cuentas

Tierras Bajas
Periodo Clásico (250-900 d. C.)
Largo: 19 cm

 

Celtas

Tierras Bajas
Periodo Clásico (250-900 d. C.)

Celtas

Tierras Bajas
Periodo Clásico (250-900 d. C.)
Altura: 10 cm; ancho: 4.5 cm – Altura: 12 cm; ancho: 4.5 cm

La piel decorada

La pintura corporal ha estado presente en todas las culturas de la humanidad. Los mayas no fueron excepción y constituyó una práctica profundamente dispersa y simbólica que reflejaba aspectos religiosos, sociales, jerárquicos y estéticos de la cultura. Pinturas murales en toda Mesoamérica muestran guerreros y nobles pintados protagonizando diversas ceremonias, mientras que en cerámica, códices y escultura se observan rostros y cuerpos decorados con símbolos complejos.

Uno de los ejemplos más tempranos de pintura corporal en el área maya es encontrado en el muro norte de los famosos murales del sitio San Bartolo, Petén. La escena central, que representa el mito de la muerte y renacimiento del dios del maíz, involucra a varios individuos que presentan pintura corporal. Algunos delineados en negro, otros con la piel en rojo e incluso con pintura corporal negra, exaltando los rangos y características sobrenaturales de cada personaje. Los sellos prehispánicos fabricados en cerámica, madera, hueso, piedra o concha fueron ampliamente usados para estampar diseños en el cuerpo, ropa e incluso en barro. Algunos presentan diseños florales o geométricos con patrones repetitivos, aunque también contenían figuras de seres mitológicos, animales e incluso deidades.

Pintadera

Costa Sur
Periodo Clásico (250-900 d. C.)
Altura: 3.7 cm; diámetro: 2 cm

Figurilla femenina

Costa Sur
Periodo Clásico Tardío                    (700-900 d. C.)
Altura: 19 cm; ancho: 10.5 cm

 

Sello

Costa Sur
Periodo Clásico (250-900 d. C.)
Altura: 4.8 cm; ancho: 2.7 cm

Cántaro efigie

Costa Sur
Posclásico (900-1500 d. C.)
Altura: 12 cm; diámetro: 7.3 cm

Atavíos y ademanes como marcadores de estatus y jerarquía

La parte frontal de la cabeza, denominada baahis en la lengua de las inscripciones, fue concebida como una de las partes más importantes del cuerpo humano, ya que en ella residía la identidad personal de cada individuo (Velásquez García, 2023: 119-120). Los tocados, como indumentos ubicados sobre la cabeza, estuvieron estrechamente relacionados con la identidad de sus portadores, siendo en ocasiones considerados como una extensión del propio sujeto. De hecho, en el arte maya clásico, los artistas registraban en el tocado el nombre jeroglífico de los personajes representados.

Los tocados fueron de suma importancia para la sociedad maya clásica. Por una parte, fueron elementos fundamentales en los rituales de personificación: el tocado con atributos de una deidad o con elementos asociados a ella permitía a su portador transformarse en el dios durante el rito (Ruiz Pérez, 2014: 27-28). Asimismo, los tocados podían determinar el rango, la filiación o el oficio de una persona (Schele y Miller, 1992: 68). En ocasiones, a través de la presencia de utensilios asociados a una tarea se hacía referencia a la ocupación de un individuo; por ejemplo: numerosos escribas aparecen representados con pinceles en el tocado, en tanto que las tejedoras muestran husos con fibras textiles (Velásquez García, 2023: 120). Y por supuesto, los tocados también fueron un marcador de estatus, un símbolo de riqueza y prestigio (Ruiz Pérez, 2014: 27-28). De hecho, uno de los símbolos de poder por excelencia del gobernante o k’uhul ajaw fue la banda blanca de papel de amate con la efigie de Sak Hu’n, dios del amate, que era atada a su frente como uno de los rituales de coronación (Ruiz Pérez, 2018).

Tapadera de incensario

Costa Sur
Periodo Clásico Temprano                (200-700 d. C.)
Altura: 62 cm; diámetro: 24.5 cm

Anillos

Tierras Bajas
Periodo Clásico (250-900 d. C.)

 

 Joyas

Tierras Bajas
Periodo Clásico (250-900 d. C.)
Altura: 5.5 cm

Máscara

Altiplano o Costa Sur
Periodo Clásico Tardío                    (700-900 d. C.)
Altura: 16 cm; ancho: 21.5 cm